TOXOPLASMOSIS
La toxoplasmosis en general, es una parasitosis causada por el protozoario Toxoplasma gondii con manifestaciones clínicas en inmunosuprimidos y recién nacidos con la infección adquirida in útero. La toxoplasmosis humana es una zoonosis, cuyo agente etiológico es el Toxoplasma gondii, un protozoario de la clase Coccideae. El gato doméstico y otros félidos son los únicos huéspedes definitivos conocidos. Su ciclo vital comprende una fase sexual que tiene lugar en el epitelio del intestino de los félidos y una fase tisular asexuada que ocurre tanto en los huéspedes definitivos como en los huéspedes intermediarios. El gato excreta ooquistes que luego de su esporulación (entre 3 y 40 días después) contienen 8 esporozoitos que son capaces de infectar una gran variedad de huéspedes intermediarios como roedores, aves y seres humanos. Otra forma de infectarse consiste en la ingestión de quistes tisulares contenidos en carne cruda o insuficientemente cocida .
Su aparición produce quistes, formas microscópicas de paredes duras, que se transmite por los excrementos de huésped primario o principal: el gato. Afecta a todos los animales, incluso a los seres humanos pero la mayoría de estos los retiene en su cuerpo. En países donde se tienen mascotas, las personas pueden contraerlo al cambiar las bandejas donde se recogen los excrementos de los gatos, al trabajar en el jardín sin guante, (en la tierra, las heces pueden permanecer infectadas durante 14 meses), y hasta por comer verduras de la huerta sin lavar. Los gatos no son los únicos responsables de la incidencia de esta enfermedad. Como ya se dijo, la carne mal cocida y el incremento en el consumo de leche de cabra (sin pasteurizar) son otros dos factores que hay que considerar.
Es necesario tener especial cuidado con los gatos contaminan los jardines y vegetales en sus vagabundeos, y a pesar de que entierran sus excrementos, siempre se puede entrar en contacto con ellos, por lo que como resultado, se ingiere el quiste de la toxoplasmosis. Los niños que juegan en los parques de arena también pueden contraer la infección, lo que constituye una de las razones por las que hay que renovar y estilizar la arena cada año.
Afortunadamente, la enfermedad es en general muy leve. Puede parecer una afección glandular o presentar los síntomas de una gripe leve. En una mujer embarazada sin embargo, aunque la infección no constituye un riesgo para ella, puede causar anormalidades congénitas en el feto hasta en un 40% de los casos.
Si se contagia la enfermedad al principio del embarazo, es menos probable que el parásito atraviese la placenta y llegue al feto, pero si lo hace los efectos son más serios (teniendo en cuenta que las primeras semanas se consideran las principales etapas del desarrollo intrauterino). Si la mujer embarazada contrae la infección más tarde (es más posible que esto ocurra) las consecuencias en el feto son menos severas.
Por lo general, el 40% de los bebés de madres afectadas son portadores de la enfermedad. De estos, es factible que 10% tenga una afección seria.
Los bebés que nacen con toxoplasmosis (usualmente, cuando han recibido la infección entre el tercer y sexto mes) pueden desarrollar síntomas severos. Esto incluye hidrocefalia, calcificación en el cerebro y coreoretinitis (lesión de la retina). También pueden padecer, sordera y epilepsia. La mayor preocupación es que el problema visual quizás no se desarrolle hasta el final de la adolescencia.
El laboratorio público de salud en Swansea (Reino Unido) estimó en 1988 que el porcentaje de infección era de 2 por cada mil mujeres embarazadas. Si las cifras francesas de que el 40% de las madres trasmiten la infección a sus bebes son aplicables en el Reino Unido, podría significar que alrededor de 480 bebes por año pudieran verse afectados en este país.
La mayor parte de las personas se recuperan espontáneamente sin ningún tratamiento, aunque es posible atender el problema tomando medicamentos que contengan sulfa. El tratamiento ocular de las infecciones por toxoplasmosis es más complicado, y a las mujeres embarazadas se les debe dar una medicina diferente ya que la utilizada en general es muy tóxica. Ningún tratamiento consigue erradicar todos los quistes. Esto significa que una infección que ha podido parecer superada o curada puede reactivarse después.
De acuerdo a los estudios realizados en países en desarrollo, entre 2 y 10 de cada mil nacidos vivos sufren la toxoplasmosis congénita. La cifra coincide con lo que se podría esperar en frecuencia de manifestaciones del síndrome TORCHS o de coriorretinitis en diferentes regiones. Se presentan las diversas estrategias disponibles a fin de establecer programas de control para la infección congénita, sus límites, ventajas y las necesidades en investigación.
En Colombia, de acuerdo con el Estudio Nacional de Salud , 47% de la población posee anticuerpos contra el Toxoplasma, lo que evidencia contacto con el protozoario en alguna época de la vida. Por lo común, su adquisición pasa inadvertida para el individuo con un estado inmunitario satisfactorio. Los efectos de importancia médica ocurren en los recién nacidos con la infección adquirida in útero o en inmunosuprimidos (como en pacientes con SIDA o los que se someten a inmunosupresión por transplantes, terapia con esteroides o antineoplásicos).
Las manifestaciones clínicas en los recién nacidos va desde la típica tríada se Sabin (coriorrenitis, hidrocefalia y retardo psicomotor), a un cuadro visceral (hepatoesplenomegalia, ictericia) o similar a la sepsis, totalmente inespecífico.
Estos niños sintomáticos al nacimiento son en realidad una minoría de los afectados. Casi 75% son asintomáticos al nacer y en estudios a largo plazo se ha demostrado que sin terapia adecuada la misma cifra, 75%, desarrollará coriorrenitis y 50% sufrirán daños neurológicos años o décadas después.
Las infecciones antes del embarazo producen inmunidad duradera, sólo cuando la infección se adquiere por primera vez durante el embarazo. Este tipo puede tener consecuencias sobre el feto. Por esto, es importante descubrir las infecciones recientes en el curso del control prenatal. El gran obstáculo es la escasez de síntomas; en efecto, en sólo 15% hubo un cuadro ganglionar que de todas maneras no es específico y que se puede atribuir a otras infecciones virales o bacterianas.
La única manera de llegar al diagnóstico definitivo es por medio de pruebas de laboratorio.